Una Opinion Pastoral

La Lectura 

En la historia de la iglesia los hombres más destacados en el servicio del Salvador siempre han sido amantes de la buena lectura. Por supuesto, no menospreciamos al creyente piadoso que no tiene la capacidad de leer ni queremos humillar a los que por la mala vista no pueden leer. Dios conoce nuestros corazones y da gracia para ayudarnos a crecer aún en medio de situaciones difíciles. Sin embargo, la lectura generalmente es un medio bendecido por Dios para avanzar nuestro conocimiento del Creador y de su manera de obrar históricamente.

Es importante notar que la Bíblia es el libro principal de cualquier cristiano y que debe ser leída todos los días. "Es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (II Tim.3:16,17). 
Para el bienestar de nuestra salud espiritual es preciso leer las Escrituras sistemáticamente y muchos cristianos tienen la meta de leer la Biblia en su totalidad cada año. Pero también, el creyente debe ser un amante de la lectura de otros buenos libros.
 
Recomiendo los libros escritos por los puritanos o por los reformadores protestantes y sus contemporaneos en nuestros dias.  Estos siempre nos dan buena alimentación espiritual.  Es cierto que no es fácil encontrar el tiempo para sentarse con un libro de teología o con la biografía de algún líder cristiano.  Requiere disciplina y dominio propio, pero es lo que nuestra generación necesita.  La lectura diligente y sistemática de las Biblia como también de libros que difunden sana doctrina es una manera eficaz de alcanzar la madurez espiritual. 
 
Llamenos y con mucho gusto les podremos dar algunas sugerencias.  A la vez, puede visitar los siguientes sitios y seleccionar de allí buen material para leer y/o escuchar:
 
Publicaciones Faro de Gracia
Cristianismo Histórico

Una Opinion Pastoral

La Autosuficiencia
El espíritu de nuestra época es esencialmente un espíritu de autosuficiencia o glorificación humana. Se cree que si deseamos eliminar el problema con las drogas y el crimen, tener la paz o ganar buen dinero podremos lograrlo todo. El problema con pensar tan positivamente es que la confianza se encuentra en el hombre y no en nuestro Creador.
Lamentablemente, hoy día muchas personas apoyan esta jactancia humana. Tienen mucha confianza en los éxitos del hombre, sus adelantos y progresos, su grandeza y autosuficiencia. Así podemos entender fácilmente cómo tantas personas pueden creer que tienen el poder de lograr la salvación por sí mismos por medio de sus buenas obras.
Sin embargo, tenemos que examinar las Escrituras y llegar a entender el evangelio. La verdad del evangelio es profundamente humillante para el hombre. Es así porque nos muestra la depravación humana y la incapacidad del pecador para alcanzar el favor de Dios por sus propias obras. "Todos nosotros somos como suciedad y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia" (Isa.64:6). Mientras el pecador confíe en sus propias fuerzas y justicias no puede encontrar el perdón y la misericordia de Dios.
Por lo tanto, tenemos que reconocer nuestra corrupción espiritual y dejar de tener confianza en lo que somos o en lo que hemos hecho o en lo que queremos hacer. Así nos toca confiar únicamente en la obra completa de nuestro Señor resucitado.
Tenemos que dejar la confianza y el orgullo y humillarnos delante de nuestro soberano Señor y Rey. La raíz de todos los problemas sociales sean lo que sean, es el pecado. Por lo tanto, como un pueblo, tenemos que dejar el espíritu de glorificación humana y buscar humildemente al Señor.
"Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra"             (II Crónicas 7:14).